Más allá de ser una ególatra retraída antisocial, de creerme un pseudo artista, de llenar mi habitación toda la noche con mis sueños rotos, de intentar ser la estudiante estrella y de querer ser la amante perfecta; soy madre.
Con mucho dolor y entendimiento me di cuenta de que la maternidad es una prioridad en mi vida. Bien o mal decidí convertirme en mamá, ingenuamente sin saber todo lo que iba a suceder. No sabía en aquel momento que pronto me convertiría en madre soltera y que tendría que afrontar miles de retos y situaciones yo sola. Así mismo creía que todos tenían la obligación de ayudarme por ser parte de su familia y/o amigos, pero también aprendí que la ayuda no es obligación de nadie y que cada quien te ayuda cuando y como puede y muy a su manera. Esto me hizo aceptarme como la única responsable de sus decisiones y a intentar quitarme ese papel de víctima de las circunstancias que he estado cargando desde que me separé del padre de mi hijo.
Se requiere paciencia, amor, dedicación extrema. A veces hay días muy bonitos, otros días son muy difíciles, pero creo que la meta a alcanzar es que tarde o temprano Julián crezca y sea una mejor persona, sin tantas tonterías en la cabeza y darle lo que a mi difícilmente mis padres, con todas sus broncas, pudieron darme: Amor.

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